Trecho de "My Own Private Idaho", de Gus Van Sant.
SOBRE EL PROJECTO:
Es un proyecto en que varias plataformas se juntan para la construcción de material audiovisual, plástico y textual, que se integrarán en un blog en la Internet, con acceso libre. El material audiovisual – cortos que se entrelazan montando un rompe cabezas de episodios – también está destinado a festivales, muestras y otros medios. (Sepas más en "Propuesta-Base")
Obra Abierta: Todos están invitados a enviaren textos, ideas, referências, fotografías, videos, que puedan componer el material final.
Para ler em português: http://projetoviajantes.blogspot.com
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miércoles, 24 de febrero de 2010
martes, 13 de octubre de 2009
martes, 25 de agosto de 2009
Las Ciudades Invisibles
-- Los otros embajadores me advierten de carestías, de concusiones, de conjuras, o bien me señalan minas de turquesas recién descubiertas, precios ventajosos de las pieles de marta, propuestas de suministros de armas damasquinas. ¿Y tú? -- preguntó a Polo el Gran Kan--. Vuelves de comarcas tan lejanas y todo lo que sabes decirme son los pensamientos que se le ocurren al que toma el fresco por la noche sentado en el umbral de su casa. ¿De que te sirve, entonces, viajar tanto? -- Es de noche, estamos sentados en las escalinatas de tu palacio, sopla un poco de viento -- respondió Marco Polo--. Cualquiera que sea la comarca que mis palabras evoquen en torno a ti, la verás desde un observatorio situado como el tuyo, aunque en el lugar del palacio real haya una aldea lacustre y la brisa traiga el olor de un estuario fangoso.
-- Mi mirada es la del que esta absorto y medita, lo admito. ¿Pero y la tuya? Atraviesas archipiélagos, tundras, cadenas de montañas. Daría lo mismo que no te movieses de aquí.
El veneciano sabía que cuando Kublai se las tomaba con él era para seguir mejor el hilo de sus razonamientos; y que sus respuestas y objeciones se situaban en un discurso que ya se desenvolvía por cuenta propia en la cabeza del Gran Kan. O sea que entre ellos era indiferente que se enunciaran en voz alta problemas o soluciones, o que cada uno de los dos siguiera rumiándolos en silencio. En realidad estaban mudos, con los ojos entrecerrados, recostados sobre almohadones, meciéndose en hamacas, fumando largas pipas de ámbar. Marco Polo imaginaba que respondía (o Kublai imaginaba su respuesta) que cuanto más se perdía en barrios desconocidos de ciudades lejanas, más entendía las otras ciudades que había atravesado para llegar hasta allí, y recorría las etapas de sus viajes, y aprendía a conocer el puerto del cual había zarpado, y los sitios familiares de su juventud, y los alrededores de su casa, y una placita de Venecia donde corría de pequeño. Llegado a este punto Kublai Kan lo interrumpía o imaginaba que lo interrumpía, o Marco Polo imaginaba que lo interrumpía con una pregunta como: --¿Avanzas con la cabeza siempre vuelta hacia atrás? --o bien:--¿Lo que ves está siempre a tus espaldas? --o mejor:-- ¿ Tu viaje se desarrolla sólo en el pasado?.
Todo para que Marco Polo pudiese explicar o imaginar que explicaba o que Kublai hubiese imaginado que explicaba o conseguir por último explicarse a sí mismo que aquello que buscaba era siempre algo que estaba delante de él, y aunque se tratara del pasado era un pasado que cambiaba a medida que él avanzaba en su viaje, porque el pasado del viajero cambia según el itinerario cumplido, no digamos ya el pasado próximo al que cada día que pasa añade un día, sino el pasado más remoto. Al llegar a cada nueva ciudad el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que no eres o no posees más te espera al paso en los lugares extraños y no poseídos.
Marco entra en una ciudad; ve a alguien vivir en una plaza una vida o un instante que podrían ser suyos; en el lugar de aquel hombre ahora hubiera podido estar él si se hubiese detenido en el tiempo tanto tiempo antes, o bien si tanto tiempo antes, en una encrucijada, en vez de tomar por una calle hubiese tomado por la opuesta y después de una larga vuelta hubiese ido a encontrarse en el lugar de aquel hombre en aquella plaza. En adelante, de aquel pasado suyo verdadero e hipotético, él está excluido; no puede detenerse; debe continuar hasta otra ciudad donde lo espera otro pasado suyo, o algo que quizá había sido un posible futuro y ahora es el presente de algún otro. Los futuros no realizados son sólo ramas del pasado: ramas secas.
--¿Viajas para revivir tu pasado? --era en ese momento la pregunta del Kan, que podía también formularse así: ¿Viajas para encontrar tu futuro?
Y la respuesta de Marco:
--El allá es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá.
"Las Ciudades Invisibles", de Ítalo Calvino.
Enviado por Carolina Castanho.
-- Mi mirada es la del que esta absorto y medita, lo admito. ¿Pero y la tuya? Atraviesas archipiélagos, tundras, cadenas de montañas. Daría lo mismo que no te movieses de aquí.
El veneciano sabía que cuando Kublai se las tomaba con él era para seguir mejor el hilo de sus razonamientos; y que sus respuestas y objeciones se situaban en un discurso que ya se desenvolvía por cuenta propia en la cabeza del Gran Kan. O sea que entre ellos era indiferente que se enunciaran en voz alta problemas o soluciones, o que cada uno de los dos siguiera rumiándolos en silencio. En realidad estaban mudos, con los ojos entrecerrados, recostados sobre almohadones, meciéndose en hamacas, fumando largas pipas de ámbar. Marco Polo imaginaba que respondía (o Kublai imaginaba su respuesta) que cuanto más se perdía en barrios desconocidos de ciudades lejanas, más entendía las otras ciudades que había atravesado para llegar hasta allí, y recorría las etapas de sus viajes, y aprendía a conocer el puerto del cual había zarpado, y los sitios familiares de su juventud, y los alrededores de su casa, y una placita de Venecia donde corría de pequeño. Llegado a este punto Kublai Kan lo interrumpía o imaginaba que lo interrumpía, o Marco Polo imaginaba que lo interrumpía con una pregunta como: --¿Avanzas con la cabeza siempre vuelta hacia atrás? --o bien:--¿Lo que ves está siempre a tus espaldas? --o mejor:-- ¿ Tu viaje se desarrolla sólo en el pasado?.
Todo para que Marco Polo pudiese explicar o imaginar que explicaba o que Kublai hubiese imaginado que explicaba o conseguir por último explicarse a sí mismo que aquello que buscaba era siempre algo que estaba delante de él, y aunque se tratara del pasado era un pasado que cambiaba a medida que él avanzaba en su viaje, porque el pasado del viajero cambia según el itinerario cumplido, no digamos ya el pasado próximo al que cada día que pasa añade un día, sino el pasado más remoto. Al llegar a cada nueva ciudad el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que no eres o no posees más te espera al paso en los lugares extraños y no poseídos.
Marco entra en una ciudad; ve a alguien vivir en una plaza una vida o un instante que podrían ser suyos; en el lugar de aquel hombre ahora hubiera podido estar él si se hubiese detenido en el tiempo tanto tiempo antes, o bien si tanto tiempo antes, en una encrucijada, en vez de tomar por una calle hubiese tomado por la opuesta y después de una larga vuelta hubiese ido a encontrarse en el lugar de aquel hombre en aquella plaza. En adelante, de aquel pasado suyo verdadero e hipotético, él está excluido; no puede detenerse; debe continuar hasta otra ciudad donde lo espera otro pasado suyo, o algo que quizá había sido un posible futuro y ahora es el presente de algún otro. Los futuros no realizados son sólo ramas del pasado: ramas secas.
--¿Viajas para revivir tu pasado? --era en ese momento la pregunta del Kan, que podía también formularse así: ¿Viajas para encontrar tu futuro?
Y la respuesta de Marco:
--El allá es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá.
"Las Ciudades Invisibles", de Ítalo Calvino.
Enviado por Carolina Castanho.
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miércoles, 5 de agosto de 2009
SOBRE LA 1a PARTE:
"Rockers", Theodoros Bafaloukos
(cámara, fotografia, interpretación, narrativa, palleta de color, sonido)
"Zabriskie Point", M. Antonioni
(fotografia, interpretación, montaje, narrativa, palleta de color, temas, banda sonora)
"Sugarland Express", Steven Spielberg
(cámara, fotografia, palleta de color)
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sábado, 1 de agosto de 2009
SOBRE LA 2a PARTE:
ESCENAS RESIGNIFICADAS:
"Terra em Transe, Glauber Rocha
"Alphaville", Jean-Luc Godard
"Sin Aliento", Jean-Luc Godard
"Terra em Transe, Glauber Rocha
"Alphaville", Jean-Luc Godard
"Sin Aliento", Jean-Luc Godard
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domingo, 26 de julio de 2009
viernes, 24 de julio de 2009
PROPUESTA-BASE
De un proyecto ya preexistente en Brasil, coordenado por mi y por Luíza Lian, surgió la idea para eso. El Proyecto Viajeros es un proyecto en que varias plataformas se juntan para la construcción de material audiovisual, plástico y textual, que se integrarán en un blog en la Internet, con acceso libre. El material audiovisual – cortos que se entrelazan montando un rompe cabezas de episodios – también está destinado a festivales, muestras y otros medios.
El blog gira alrededor de tres personajes que se relacionan por el deseo de transformación y de seguir una vida sin metas, con todo un camino a ser recorrido. En común está el hecho, también, de que esas personajes están viajando – no solamente por Brasil, sino por toda Latinoamérica – en búsqueda de una cosa oculta, que ni siquiera ellas mismas pueden saber lo que es; y huyendo a un pasado, de raíces, de ellas mismas. Con el futuro sin salida y con el pasado terminado, las personajes - no solo las tres viajeras - asumen la posición de transformación continua, en búsqueda de nada más que el camino mismo, dejando ser directamente afectadas por el todo a su rededor. Las personajes deben relacionarse con el medio, no por la acción, sino por situaciones ópticosonoras, o por la descripción puramente audiovisual.
La propia esencia del cine evidencia eso. El código utilizado para descifrar lo que pasa en la pantalla es el mismo para interpretar a los signos de la realidad. No escribo sobre el acuerdo entre autor y espectador en función de la verdad de los hechos en la obra ficcional (Umberto Eco, Bosques Posibles). Lo que quiero decir es que los eventos que vivimos en la realidad son sentidos y analizados a través de una misma percepción, presente en las obras ficcionales y en el mundo palpable.
El carácter de mezcla entre documental y ficción añade esta tesis al proyecto: los actores no interpretan apenas lo que el guión presenta, sino también son libres para vivir tales situaciones como si aquello les perteneciera enteramente, pero de manera pasajera, nunca definitiva. Aún que el amor esté en el lugar en que se encuentran, las personajes codician otro lugar todavía desconocido, inimaginable – ansían por un futuro incierto, abriendo mano de todas las referencias que pueden alterar a su destino. Sin embargo, esa es la manera como el actor se relaciona con el medio; las personajes, al revés, no poseen aquello que las pasan, son figuras capaces de eliminar del ambiente alrededor y de las acciones todo aquello que podría ser descifrado con los signos de la realidad – y también los del cine. Tal carácter interpretativo está direccionado solamente al espectador, que debe leer estos eventos de forma individual y intransferible, así como leería los mismos acontecimientos en la realidad.
El mundo poscontemporáneo tiene como una de sus características el papel del TURISTA en la sociedad, como una cosa totalmente nueva. Y el siglo pasado (y tal vez parte de este) ser conocido como el siglo del cine no es por casualidad. Desde la invención del cine, eses turistas adquirieron mayor reconocimiento – además de los aventureros o exploradores, los viajes pasaron a no tener un fin definido; el camino por el camino. Pero también tenemos los viajes forzados. Y creo que nuestro siglo sea más marcado por eso, que por los que viajan por puro placer. “El desplazamiento de populaciones enteras. Ola tras ola de emigrantes, moviéndose por raciones políticas o económicas, emigrando para sobrevivir. El nuestro es el siglo del viaje forzado. Se podría ir aún más lejos y decir que el nuestro es el siglo de las desapariciones. El siglo en que millones de personas vieron a otras personas muy próximas desaparecieren en el horizonte, sin poder evitar. Tal vez por eso resulte tan extraño que el arte narrativo propio de este siglo sea el cine.
“El cine transporta su audiencia individualmente, por separado, para AFUERA de la sala, hacia el desconocido. Cuando una función teatral termina, los actores abandonan los personajes que representaron y se aproximan de las luces del proscenio para saludar al público. Los aplausos que reciben es un signo de reconocimiento por haber representado el drama sobre el escenario de la noche. Cuando un film termina, los protagonistas que todavía están vivos deben desaparecer. Hemos seguido a ellos, acercándonos, y finalmente, allá afuera, ellos tienen que escapar. El cine habla constantemente de la partida.” (J. Berger) Y es de esa partida que hablamos en este proyecto.
Esta película se dividiría en dos. Un corto de 20 minutos de duración y un otro de 7 minutos. El primero cuenta la historia de dos amigos brasileños que hacen un viaje de auto cruzando el norte de argentina, de las cataratas de Puente Iguazú a Bolívia. En la mitad de este trayecto, conocen una otra brasileña y la regalan un viaje de dedo, sin saber muy bien su destino. Ella aparenta no haber adonde ir, y estar huyendo de algo que ella prefiere no mencionar, en verdad, aparenta no saber muy bien de que huye. Usa sus encantos para conseguir lo que quiere con los chicos. Una noche, ella desaparece misteriosamente y los dos se encuentran sin un camino para recorrer, como si ella hubiera robado sus sueños y destinos.
El segundo corto muestra la historia de Astor, en sus 50 años de edad, relacionado a la política en Buenos Aires, también brasileño. Él se encuentra en un momento de crisis, en que todo su imperio político puede desmoronar debido a un relacionamiento con una chica mucho más joven que él. Para eso, él debe buscarla por la ciudad y intentar poner un fin en esa historia. Infelizmente, él no sabe que quien pretende poner fin en algo es el diputado con quién trabaja, que saca su vida con una bala en el pecho en pleno gabinete en el Congreso. La chica que Astor buscaba sería, en fin, la misma que ganó el viaje por el norte da argentina.
Es interesante como la sociedad hace adormecer las pasiones humanas, y que solo aquellas personas raras, grandes hombres, excéntricos o locos son capaces de reencenderlas. Creo que la civilización tiene ciertos deberes y principios que son exigidos por aquellos que creen solamente en la cara o en la corona. Es exactamente esa exigencia que nos aprisiona e no deja que la suerte sea lanzada de manera que la moneda nunca caiga en el piso, quedando siempre a girar en el espacio, en un momento enseñando a la cara, en otro a la corona, pero, lo más importante, uniendo las dos en una sola imagen, por la fuerza del movimiento. Por eso la importancia de la incerteza, de que ninguna verdad es absoluta. Todo depende de como utilizamos la conciencia. Ella no debe ser incorporada al hombre como un ventaje sobre los otros animales, aquello que Dios dio como privilegio - el libre arbitrio -, sino como el principio de todo error. Rescaté algunos textos en un libro muy querido, "La Gaya Ciencia" de F. Nietzsche sobre el tema: "La conciencia es el último y postrero desarrollo del orgánico y, por consiguiente, también lo que en él es más inacabado y menos fuerte." ... "Sin la fuerza reguladora de los instintos, el hombre ya tendría sucumbido por sus juicios equivocados y su fantasear de ojos abiertos, por su credulidad e falta de profundidad, en resumen, por su conciencia". Es importante incorporar el saber y tornarlo instintivo.
Las tres personajes viajeras deben, pues, salir de sus nidos no de ojos abiertos, pero con una carga instintiva muy fuerte, desarrollada por el saber incorporado. Cuando se cansan de aquello que está cierto, ese es el momento de extender los brazos, ir allá de adonde se puede mirar, sin saber adonde está el ‘desconocido’ que despierta en ellas la codicia - que bebe de la misma fuente que el amor: la fuerza que une recíprocamente aquello que posee ellas y aquello que las posee. Deben ser personas que no están impregnadas por ideologías y sus principios y deberes, pero son capaces de percibir el mundo de tal distancia que las contradicciones, las contraposiciones de todo a todo, dejan de ser demonios de la sociedad y se muestran esenciales para la comprensión del todo. Las certezas entonces son extintas y todo se hace posible y de cierta manera ridículo, siendo necesario reír de los otros y principalmente de ellas mismas.
Es a través de este concepto de búsqueda y pérdida que propongo la dirección de estas dos películas. Es natural, que el cine, por su ontología, evidencie un pensamiento sobre la mirada, sobre el acto de percibir - la unión entre dos intancias: el objeto denotado y la memoria de este objeto. El proyecto de este corto propone - entre otras cosas - escribir en la pantalla así como un registro de viaje. El cine en su posibilitad de indicar, más que de producir, es decir, el audiovisual reproduciendo en tanto que referencia, en tanto que huella de una acción real. Es reflexionar menos por la intelectualidad, y más por la sensitividad – y, entonces, sobre nuestro tiempo – nuestra generación – como resultado de una percepción. El joven de hoy no está perdido y ni tampoco ubicado; la generación actual se encuentra en constante movimiento, en una época de cambios políticos, económicos, culturales. Para ellos – para nosotros – solo resta caminar en búsqueda de algo que todavía no sabemos lo que es. Esa ambigüedad está en la cámara en mano, los actores trabajando no con marcaciones, sino con el campo; la sorpresa, el instante, la espontaneidad. Con eso quiero decir sobre la imagen en tanto huella.
Cada escena de la segunda parte de “La Aventura” busca ser otra escena, sacada de alguna película de la generación del protagonista, en un proceso de resignificación. El personaje vive sus memorias a través de imágenes generadas por el cine. Ese es su “campo de visión”, la lente por adonde él puede mirar el mundo. La intertextualidad es carácter decisivo en este proyecto desde el inicio: a partir del momento en que un corto habla del otro de manera recíproca; y sin embargo pueden existir solos. La conexión entre los dos es hecha por el receptor de las informaciones – el espectador/lector/viajero -, que relaciona las imágenes que ve con otros textos fílmicos o no de manera pragmática. En la búsqueda de estos pasos – pero a partir de otro punto de vista, siempre nuevo – recorro a la articulación de una línea dramática, del uso del sonido, y de experimentaciones en la imagen. La primera parte del film se basa, al contrario de la primera, en crear nuevas formas de perspectiva, a través de yuxtaposiciones, sonidos desconectados de la imagen y otras técnicas que puedan provocar esa nueva manera de percibir el mundo alrededor, como si todo fuera una gran novedad, como si a cada fotograma hubiera algo inesperado; el “desconocido”.
Octávio Tavares.
El blog gira alrededor de tres personajes que se relacionan por el deseo de transformación y de seguir una vida sin metas, con todo un camino a ser recorrido. En común está el hecho, también, de que esas personajes están viajando – no solamente por Brasil, sino por toda Latinoamérica – en búsqueda de una cosa oculta, que ni siquiera ellas mismas pueden saber lo que es; y huyendo a un pasado, de raíces, de ellas mismas. Con el futuro sin salida y con el pasado terminado, las personajes - no solo las tres viajeras - asumen la posición de transformación continua, en búsqueda de nada más que el camino mismo, dejando ser directamente afectadas por el todo a su rededor. Las personajes deben relacionarse con el medio, no por la acción, sino por situaciones ópticosonoras, o por la descripción puramente audiovisual.
La propia esencia del cine evidencia eso. El código utilizado para descifrar lo que pasa en la pantalla es el mismo para interpretar a los signos de la realidad. No escribo sobre el acuerdo entre autor y espectador en función de la verdad de los hechos en la obra ficcional (Umberto Eco, Bosques Posibles). Lo que quiero decir es que los eventos que vivimos en la realidad son sentidos y analizados a través de una misma percepción, presente en las obras ficcionales y en el mundo palpable.
El carácter de mezcla entre documental y ficción añade esta tesis al proyecto: los actores no interpretan apenas lo que el guión presenta, sino también son libres para vivir tales situaciones como si aquello les perteneciera enteramente, pero de manera pasajera, nunca definitiva. Aún que el amor esté en el lugar en que se encuentran, las personajes codician otro lugar todavía desconocido, inimaginable – ansían por un futuro incierto, abriendo mano de todas las referencias que pueden alterar a su destino. Sin embargo, esa es la manera como el actor se relaciona con el medio; las personajes, al revés, no poseen aquello que las pasan, son figuras capaces de eliminar del ambiente alrededor y de las acciones todo aquello que podría ser descifrado con los signos de la realidad – y también los del cine. Tal carácter interpretativo está direccionado solamente al espectador, que debe leer estos eventos de forma individual y intransferible, así como leería los mismos acontecimientos en la realidad.
El mundo poscontemporáneo tiene como una de sus características el papel del TURISTA en la sociedad, como una cosa totalmente nueva. Y el siglo pasado (y tal vez parte de este) ser conocido como el siglo del cine no es por casualidad. Desde la invención del cine, eses turistas adquirieron mayor reconocimiento – además de los aventureros o exploradores, los viajes pasaron a no tener un fin definido; el camino por el camino. Pero también tenemos los viajes forzados. Y creo que nuestro siglo sea más marcado por eso, que por los que viajan por puro placer. “El desplazamiento de populaciones enteras. Ola tras ola de emigrantes, moviéndose por raciones políticas o económicas, emigrando para sobrevivir. El nuestro es el siglo del viaje forzado. Se podría ir aún más lejos y decir que el nuestro es el siglo de las desapariciones. El siglo en que millones de personas vieron a otras personas muy próximas desaparecieren en el horizonte, sin poder evitar. Tal vez por eso resulte tan extraño que el arte narrativo propio de este siglo sea el cine.
“El cine transporta su audiencia individualmente, por separado, para AFUERA de la sala, hacia el desconocido. Cuando una función teatral termina, los actores abandonan los personajes que representaron y se aproximan de las luces del proscenio para saludar al público. Los aplausos que reciben es un signo de reconocimiento por haber representado el drama sobre el escenario de la noche. Cuando un film termina, los protagonistas que todavía están vivos deben desaparecer. Hemos seguido a ellos, acercándonos, y finalmente, allá afuera, ellos tienen que escapar. El cine habla constantemente de la partida.” (J. Berger) Y es de esa partida que hablamos en este proyecto.
Esta película se dividiría en dos. Un corto de 20 minutos de duración y un otro de 7 minutos. El primero cuenta la historia de dos amigos brasileños que hacen un viaje de auto cruzando el norte de argentina, de las cataratas de Puente Iguazú a Bolívia. En la mitad de este trayecto, conocen una otra brasileña y la regalan un viaje de dedo, sin saber muy bien su destino. Ella aparenta no haber adonde ir, y estar huyendo de algo que ella prefiere no mencionar, en verdad, aparenta no saber muy bien de que huye. Usa sus encantos para conseguir lo que quiere con los chicos. Una noche, ella desaparece misteriosamente y los dos se encuentran sin un camino para recorrer, como si ella hubiera robado sus sueños y destinos.
El segundo corto muestra la historia de Astor, en sus 50 años de edad, relacionado a la política en Buenos Aires, también brasileño. Él se encuentra en un momento de crisis, en que todo su imperio político puede desmoronar debido a un relacionamiento con una chica mucho más joven que él. Para eso, él debe buscarla por la ciudad y intentar poner un fin en esa historia. Infelizmente, él no sabe que quien pretende poner fin en algo es el diputado con quién trabaja, que saca su vida con una bala en el pecho en pleno gabinete en el Congreso. La chica que Astor buscaba sería, en fin, la misma que ganó el viaje por el norte da argentina.
Es interesante como la sociedad hace adormecer las pasiones humanas, y que solo aquellas personas raras, grandes hombres, excéntricos o locos son capaces de reencenderlas. Creo que la civilización tiene ciertos deberes y principios que son exigidos por aquellos que creen solamente en la cara o en la corona. Es exactamente esa exigencia que nos aprisiona e no deja que la suerte sea lanzada de manera que la moneda nunca caiga en el piso, quedando siempre a girar en el espacio, en un momento enseñando a la cara, en otro a la corona, pero, lo más importante, uniendo las dos en una sola imagen, por la fuerza del movimiento. Por eso la importancia de la incerteza, de que ninguna verdad es absoluta. Todo depende de como utilizamos la conciencia. Ella no debe ser incorporada al hombre como un ventaje sobre los otros animales, aquello que Dios dio como privilegio - el libre arbitrio -, sino como el principio de todo error. Rescaté algunos textos en un libro muy querido, "La Gaya Ciencia" de F. Nietzsche sobre el tema: "La conciencia es el último y postrero desarrollo del orgánico y, por consiguiente, también lo que en él es más inacabado y menos fuerte." ... "Sin la fuerza reguladora de los instintos, el hombre ya tendría sucumbido por sus juicios equivocados y su fantasear de ojos abiertos, por su credulidad e falta de profundidad, en resumen, por su conciencia". Es importante incorporar el saber y tornarlo instintivo.
Las tres personajes viajeras deben, pues, salir de sus nidos no de ojos abiertos, pero con una carga instintiva muy fuerte, desarrollada por el saber incorporado. Cuando se cansan de aquello que está cierto, ese es el momento de extender los brazos, ir allá de adonde se puede mirar, sin saber adonde está el ‘desconocido’ que despierta en ellas la codicia - que bebe de la misma fuente que el amor: la fuerza que une recíprocamente aquello que posee ellas y aquello que las posee. Deben ser personas que no están impregnadas por ideologías y sus principios y deberes, pero son capaces de percibir el mundo de tal distancia que las contradicciones, las contraposiciones de todo a todo, dejan de ser demonios de la sociedad y se muestran esenciales para la comprensión del todo. Las certezas entonces son extintas y todo se hace posible y de cierta manera ridículo, siendo necesario reír de los otros y principalmente de ellas mismas.
Es a través de este concepto de búsqueda y pérdida que propongo la dirección de estas dos películas. Es natural, que el cine, por su ontología, evidencie un pensamiento sobre la mirada, sobre el acto de percibir - la unión entre dos intancias: el objeto denotado y la memoria de este objeto. El proyecto de este corto propone - entre otras cosas - escribir en la pantalla así como un registro de viaje. El cine en su posibilitad de indicar, más que de producir, es decir, el audiovisual reproduciendo en tanto que referencia, en tanto que huella de una acción real. Es reflexionar menos por la intelectualidad, y más por la sensitividad – y, entonces, sobre nuestro tiempo – nuestra generación – como resultado de una percepción. El joven de hoy no está perdido y ni tampoco ubicado; la generación actual se encuentra en constante movimiento, en una época de cambios políticos, económicos, culturales. Para ellos – para nosotros – solo resta caminar en búsqueda de algo que todavía no sabemos lo que es. Esa ambigüedad está en la cámara en mano, los actores trabajando no con marcaciones, sino con el campo; la sorpresa, el instante, la espontaneidad. Con eso quiero decir sobre la imagen en tanto huella.
Cada escena de la segunda parte de “La Aventura” busca ser otra escena, sacada de alguna película de la generación del protagonista, en un proceso de resignificación. El personaje vive sus memorias a través de imágenes generadas por el cine. Ese es su “campo de visión”, la lente por adonde él puede mirar el mundo. La intertextualidad es carácter decisivo en este proyecto desde el inicio: a partir del momento en que un corto habla del otro de manera recíproca; y sin embargo pueden existir solos. La conexión entre los dos es hecha por el receptor de las informaciones – el espectador/lector/viajero -, que relaciona las imágenes que ve con otros textos fílmicos o no de manera pragmática. En la búsqueda de estos pasos – pero a partir de otro punto de vista, siempre nuevo – recorro a la articulación de una línea dramática, del uso del sonido, y de experimentaciones en la imagen. La primera parte del film se basa, al contrario de la primera, en crear nuevas formas de perspectiva, a través de yuxtaposiciones, sonidos desconectados de la imagen y otras técnicas que puedan provocar esa nueva manera de percibir el mundo alrededor, como si todo fuera una gran novedad, como si a cada fotograma hubiera algo inesperado; el “desconocido”.
Octávio Tavares.
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